domingo, 12 de octubre de 2014

DENTRO DE SU CARNE.



amor platónico.



-Si pudieras decirle algo ¿Qué le dirías?
-Le diría que es una perra o al menos que lo fue conmigo. Sin embargo, la extraño.
-Si crees que ella era así ¿Por qué la extrañas?
-Ella siempre ha sido maravillosa, le brinda más color a las cosas.
-¿Por qué entonces le has llamado, como dijiste, una perra?
-Porque sin lugar a dudas lo fue. Me ridiculizo, pasó sobre mí, me uso y desecho como si no fuese nada. Viví a su sombra y de sus sobras.
-Pero al principio no fue así ¿no? ¿Cómo era ella?
-Ella siempre ha sido maravillosa, le repito. Desde que la conocí me enamore. Me gusta su voz y la forma en que se expresa. Su sonrisa y como siempre es feliz, no como yo.
-Con anterioridad me habías dicho que nunca sonreía y a veces gritaba mucho. Hasta llego a insultarte.
-Sí, trataba de hacerla feliz pero no era suficiente. Siempre necesitaba algo más. Lo busco en otro lugar.
-¿Fue por eso que le hiciste daño?
-¿Perdón? Jamás la he lastimado.
-Quiere decir que no recuerdas.
-¿Recordar qué?
-Lo que le hiciste a Anna.
-Yo no le he hecho daño a Anna, ella se encuentra muy bien.
-¿Estás seguro de eso?
-Absolutamente, su sonrisa y su voz. Todo parece estar bien con ella.
-Mira esta foto. La mujer en ella ¿es Anna?
-No. Mi Anna es más hermosa.
-Pero la mujer en esta foto es Anna Silvero. Ella era tu prometida y tú la asesinaste.
-Yo no asesine a Anna, quizás asesine a esa persona por que creí que había atrapado a Anna dentro de sí.
-¿Fue por eso que la descuartizaste?
-Bueno ¿De qué otra manera iba a poder liberar a Anna? Pero me equivoque, Anna no se encontraba ahí.
-¿Dónde estaba Anna?
-Estaba justo aquí.
-¿Dentro de ti?
-Sí, aquí esta. Hermosa y segura en mi corazón.
-Creo que eso será todo por hoy, ten un buen día.
-Hasta mañana doctor.


por: Fernando Espínola.

miércoles, 1 de octubre de 2014

PREMATURO ATARDECER.

Aislamiento
(El último atardecer)

Un retrato deslucido, una risa vacía y nuestro odio.
Cielos teñidos de miedo, nostalgia y agonía liquida,
la tibieza de un cuerpo recién caído en suicidio,
el calor íntimo de una silueta femenina dormida.

¿Quién juzga nuestros actos de arrebato carnal?
¿Quién susurra recuerdos de nuestros traumas?
Y tú sigues ocultándome   tras el velo ensombrecido,
tras la noche interminable que apenas respira.

Miradas silenciosas, cabello corto ondeando libre.
Tu sombra fría, el sonido del mar detrás de ella.
Nuestras manos juntas, desnudas al brillo solar,
el viento indócil acariciando tus labios vírgenes. 
  

Mi alma esta ebria de tragedias, de desórdenes,
de miradas inciertas y emociones incomprensibles.
Tú sigues distante y ajena a mi dolor perpetuo,
aislada en sus propios sentimientos indescifrables.

La mujer que abrazaba y besaba mis mejillas se ha ido,
no volverá ninguno de los días que me restan por vivir.

Gabriel paredes.
   


lunes, 15 de septiembre de 2014

Mis sueños sobre Anna

Mis sueños sobre Ana.
14 09 , 2014


 Inmerso en una oscura realidad onírica,
 mi inconsciente despojaba de mi mente
 racional todo rastro de cordura. Mis
 mejillas y mi frente empapadas en sudor,
 reposaban placenteramente en la almohada
 de mi lecho nauseabundo y solitario.

 Soñaba un sueño no tan ajeno a la verdad.
 En el sueño, a mis pies sobre la cama, un libro
 de pasta gruesa y dura donde no asomaba
 título o dedicatoria alguna. Al pasar las hojas
 con mis temerosas manos, daba vistazos breves
 y respiraciones cortas, me faltaba el aire, era la
 historia de mi vida justo en medio de las mismas.

 Esas hojas engañosas, profesaban que mi Ana
 me era infiel a mis espaldas. Acto siguiente llamé
 a mi amada para confrontarla:
 -Ana, querida sincérate alma mía,
 Aire de mi cuerpo, sangre de mi carne, con quién traicionaste mi confianza.
 -Con nadie cielo mío, en vida o en la muerte sería capaz de semejante atrocidad.

 Pregunte a todo conocido, me dijeran si sabían
 algo del engaño. Todos parecían saber de Ana
 y su deslealtad, menos yo, mis sospechas por lo
 que decía el libro resultaban ser verdad. Con el
 corazón helado y el alma destrozada a manos de
 mi Ana traicionera y mal sana, monstruo repugnante,
 el libro me lo dijo todo.

 Llegado a mi cuarto, la melodía del teléfono no cesaba
 de punzar en mis entrañas. Al contestar, la voz aún más
 aguda penetraba en las más pequeñas fibras auditivas
 de mí oído, confesando.
 -Es verdad que te he engañado amor maldito, no mereces
 ni el aire que respiro, mucho menos uno de los besos de mi
 boca como fuente que sacia con placeres desmedidos a la tuya.
 Encontré lo que buscaba en otro hombre ajeno a tu persona.-

 Deje caer el aparato receptor de sus palabras cancerígenas;
 hecho pedazos en el suelo de la habitación; teléfono y corazón.
 Tomé el libro en un impulso desesperado por resolverlo todo,
 aquel libro me dio la pista de tu engaño, el libro entonces es la
 solución. Tomé su pasta entre mis manos y lo lleve hasta mi
 pecho como protegiendo mi propia vida con mis dedos.

 Frente a mí, en la esquina de la habitación, oculta a simple vista
entre las sombras, una mujer galante y reservada con el cabello
que cubría su rostro no me permitía ver lo que tras el velo me
ocultaba. Era la autora del escrito de mi vida. Para este punto las
realidades se traslapan, la identifique como la escritora simplemente
porque los sueños carecen muchas veces del sentido de la lógica.

-Dime como acaba, te lo imploro mujer desconocida, como termina el libro de mi vida... -Y la mujer
reía.-
-mujer de pesadilla, te suplico, dime de que manera horrible acaba nuestra historia, en las hojas
finales de tu libro de mi vida... -y la mujer me dio la espalda, pero aún reía.-

Deje caer el libro y me arrodille a los pies de la poetisa y escritora tenebrosa que inspirada en mi
tragedia, escribió a detalle la horrida narrativa de la historia de mi vida.

Ella se agachó y tomó el libro con sus dedos pálidos
y lo extendió hacia mí, con delicadeza como
extendiendo una galleta a un animal furtivo. Me miró
a los ojos con profunda empatía y ansiedad, al ver sufrir
del desamor a su personaje, mientras se acercaba hasta
mi lugar donde permanecía arrodillado. Repitió a manera
de susurro en el oído:
-no voy a decirte ni a explicarte nada, es tu deber el descubrirlo
si saber es lo que quieres, debes de leerlo... o vivirlo.-

Y desperté de golpe con el corazón acelerado, de entre las sábanas cayo el teléfono encendido
con la luz intermitente de buzón de la llamada perdida de mi Ana. No me atrevo a contestarle todavía.

                                                                                                                 

Rafael Pérez, Carper.






viernes, 5 de septiembre de 2014

MALDAD.

Maldad.
05 08, 2014.

Y así, en un oscuro llanto y un ahogado
grito miserable, maldije siete veces en tu
nombre y once más en tu memoria; suplique
piedad a un dios en el que ya no creo.
Me sumergí de lleno en las pasiones de la carne,
escupí mi sepultura y me reí de las dos personas
que guardaban luto frente a mi sepulcro, el funeral
simbólico, sin cuerpo alguno que enterrar.

Vertí mi sangre donde pertenece y la remplace
por licores más baratos, la vida se mofaba con
cinismo de mi rostro, respondí de igual manera.
La lluvia contra el suelo liberaba el olor marchito
de las hojas secas y las flores tristes. Entone mis
pasos hacia el dormitorio del motel mundano donde
te entregaste en cuerpo y alma, si es que tenéis alguna.
Recuerdo tras recuerdo golpeaban mi memoria,
al ver la cama iluminada por la luz mortecina de las
titilantes velas en el candelabro.
En el rincón, me atormentaban sombras de adulterio.
Las risas se clavaban cual cuchillos en mi espalda,
pero yo las reemplace por llantos contra la pared
y la espada, ¿Quién se ríe ahora de mí desgracia?
Lágrimas de sangre se escurrían por mi rostro,
pero no de mis heridas, era sangre salpicada.

Hablando del amor y demás perversidades, en las
noches solitarias, con la luna de Plutón mientras le
hacia el amor a tu recuerdo, conjuraba por tu nombre
a gritos sollozantes de placer y de amargura. Caminé en
la arena bajo el sol de abril entre crustáceos y sirenas,
devolví mi cuerpo al mar donde pertenece. Evocando las
palabras inmortales que aún resuenan en el hades con la
melodía maldita de la mujer del velo negro.
-"A la puta vida no le importo y la muerte me ha olvidado,
abracé la muerte como mía, pero no lo era. San pedro jamás
dirá mi nombre, ni entre los ángeles de lucifer encontraré
descanso. Que destino aguarda por mi alma pecaminosa,
en brazos de quien reposara mi mente para siempre.

Rafael Pérez, Carper.
(imagen tomada de google imágenes) 









domingo, 17 de agosto de 2014

RECOPILADO.





sin titulo.
10 11, 2013

-Cuando el cielo caiga,
Cuando el mar se abra, 
Cuando el sol se apague, 
Cuando dios se vaya, 
Cuando yo me rompa 
y el amor se acabe; 
suponiendo que haya un día siguiente... 
¿me amarás por la mañana? 






(alguien que vi un par de veces cuando trabaje en el cine)
23 02, 2014

A la eterna mujer del rostro blanco, helado
como nieve, de la mirada oscura y los labios
rojos como el torrente que recorre bajo la piel 
misma del deseo; cuyo nombre por azares y
desdichas desconozco y de conocerlo no me 
atrevería a conjurar. 







sin titulo 2
26 02 2014

Debo confesar que cada noche viajo a ese lugar 
extraño y maravilloso donde los bolígrafos tienen 
alas de papel pero vuelan mejor que muchas aves, 
y los ríos de tinta negra se desbordan en las zonas 
desérticas, infértiles y desprovistas de color alguno. 
Todo un paisaje pintoresco matizado con tonos muy 
oscuros, donde las letras bailan al son del armonioso 
ruido, del pensamiento más escandaloso.


                                        -Rafael Pérez, Carper. 




martes, 12 de agosto de 2014

Mujer de muerte negra.


Mujer de muerte negra.
12 08,2014

Una hermosa madrugada en vela, como era un hábito desde
 hacía ya varias noches atrasadas, con la tempestad encima
y un cielo enfurecido que deslumbraba con relámpagos y
vientos de tormenta, cuya densidad de bruma permitía mirar
al frente tan solo a cinco pasos adelante; y reitero “hermosa
madrugada”, porque era entonces cuando Russell se sentía acorde
con su entorno, solo entonces se encontraba en armonía entre
 sus lúgubres adentros y el hórrido paisaje desolado alrededor.
Russell vio a la distancia entre sombras y siluetas la figura de
lo que sugería ser una mujer danzando, iluminada por la tenue
luz amarillenta del alumbrado público. Aquella  mujer sumergida
en las tinieblas de la noche, parecía bailar con parejas invisibles
en perfecta sincronía con el agua, bajo cánticos de muerte, se
acercaba lenta y desmañadamente hacia él. Russell intentó correr
de vuelta, pero las piernas nunca respondieron y como si de un
encanto se tratara, Russell podía escuchar entre la devastación de
la tormenta, la melodía siniestra que la mujer danzaba, dentro de su
cabeza, y le pareció inenarrablemente hermosa; de pronto sintió
cada pierna desadormecerse y consiguió bajarse entonces del
capirote del chevelle antiguo sobre el cual se había sentado,
se entretuvo  un segundo para escurrirse el agua de los ojos que le
obstruía la vista con las manos temblorosas por el destino incierto
que le esperaba a manos de la espectral mujer de ultratumba que
había presenciado a deshoras de la noche. Al bajar las manos, la
mujer había desaparecido y la canción también había cesado de
sonar en su cabeza, no obstante, Russell a pesar del miedo que
tenía no pudo evitar sentirse indignado tras el abandono repentino 
de la mujer de pesadilla, de aquellas que uno extraña al despertar
por la mañana. 

Russell se encogió de hombros e inclino el rostro
al suelo señal de decepción, sin importar el terror que la causaba
la experiencia, sentía cierta empatía hacia la mujer que danzaba
solitaria en una noche escalofriante y por supuesto, la exótica
belleza perturbadora de la enigmática mujer lo atraía cual manzanas
 a la tierra, de una forma inapelable.
Si bien Russell no sabía lo que la melodía significaba, ni el misterio
que resultaba ser la mujer danzante, la única certeza que él tenía era
que se trataba de un invento o ilusión causada por el sereno de una
común noche de noviembre; finalmente decidió tomarlo como el patético
intento de su desequilibrada mente por darle un sentido a su miserable
existencia en una abrazadora noche de tormenta como aquella. Cuando
se dispuso a regresar a casa, la imagen de una fogata y una taza de café
hirviendo, así como despojarse de los trapos empapados y arroparse
con la calidez de una manta suave, habían reemplazado la tétrica canción
que hacia minutos que sonaba en su cabeza. De pronto y sin previo aviso,
sintió en el hombro izquierdo la gélida palma de una mano posarse sobre él
y de nuevo quedó pasmado. Giró levemente la mirada para conciliar lo que
pasaba, pero no tuvo el valor suficiente de mira su rostro, tan solo fue capaz
de mirar los pliegues del vestido largo y elegante que arrastraba por el piso
con salpicaduras carmesí en los extremos inferiores del mismo.

La mujer entonces bajó del capirote del chevelle antiguo y giró dos veces
frente a él, como en una especie de coreografía de ballet; su vestido se
desplegaba con cada vuelta formando un espiral maldita con el agua, y su
cabello negro y largo hasta la cintura, le cubría el rostro con cada vuelta
que ella daba. Se detuvo un instante frente a Russell, agitada, bailaba con
tal pasión que al terminar le costaba recuperar aliento. Al detenerse, las luces
de la calle titilaban intermitentes, el viento sopló con fuerza desmedida, en
consecuencia, las láminas se desprendieron de las casas causando un
estruendo de sonido metálico muy parecido al de un relámpago. Hacía mucho
que ella había cesado de tararear y la canción continuó sonando en su cabeza
sin darse cuenta. 
La mujer levantó su delgada mano hacía él y estiró los dedos
como invitándolo 
a participar de su desquiciado baile; Russell tomó la mano de
la mujer, mas blanca 
que el vestido que llevaba, entonces se pintó una sutil sonrisa
en el rostro 
hermoso de la misteriosa mujer de ultratumba, se hallaba tímida y
contenta, hasta 
nerviosa, mismos sentimientos que compartía con él. Russell le dió
una vuelta más, 
en señal de que aceptaba ser partícipe de aquel sombrío baile,
con porte firme y bien 
plantado, ella entonces hizo una reverencia agradeciendo a
su pareja nueva y ambos 
bailaron sobre la neblina que cubría su pista improvisada
de hierba y rocas hasta llegar 
al lago que cruzaron caminando de la mano sobre el
sendero luminoso que trazaba la 
luna gigante y amarilla sobre el agua que permanecía
en reposo ante los estragos 
del clima. Y rieron y bailaron regocijados por la música
infernal que sonaba en sus 
cabezas. Russell por primera vez en la vida, por un efímero 
instante supo lo que significa ser feliz con alguien, sea mujer o sea demonio.

Desaparecieron en la noche cual sombras a la luz, por el Aqueronte, Russell sucumbió
a la pálida mujer del vestido blanco intacto y elegante, cuyas puntas ensangrentadas
ocultaban de la vista sus pies desnudos y manchados como si viniera de caminar
entre cadáveres y podredumbre, donde pisaba dejaba a su paso, una senda de ruina
 y defunción, la tierra se hizo infértil y los peces flotaban ya sin vida en un lago lóbrego
 e inhabitable, por donde camino. Nadie nunca volvió a saber de Russell, ni de la
cadavérica mujer que danzaba sola en las tinieblas la melodía maldita de la muerte negra.


Rafael Pérez, Carper.      



viernes, 4 de julio de 2014

AMOR INVIDENTE, DE UNA MUJER GOLPEADA.


Amor invidente- de una mujer maltratada.
04 07,2014.



Siento que te amo ciega  e irreverentemente,
pretendo no escuchar lo que tus tempestuosos 
labios dicen estruendosamente y me encierro
 en nuestro lugar secreto esperando  no me 
encuentres. Te amo total y entregadamente ojala 
pudieses verlo en tus momentos más oscuros 
y dejaría de esconderme en el armario, extraño 
lo que eras y  lo que fuimos, pero te sigo amando.
Te amo cuando me regalas flores, y me miras como 
aquellas noches, te amo incluso cuando tu mano 
como caricia firme contra mi rostro se levanta, un roce
 fuerte de cariño desmedido para demostrarme que me 
amas. Quisiera que supieras lo feliz que soy cuando
 me abrazas de esa singular manera que no comprendo, 
alrededor del cuello para que no me vaya,
 ¿Y porque lo haría? si no te amara.

Te amo sumisa y dependiente, te amo cuando te sinceras 
y cuando me mientes, te amo loca y desinteresadamente;
tanto que soporto la agonía que provoca la criatura dentro
de mi vientre al moverse lenta y dolorosamente, algunas
veces  quisiera tener la fuerza suficiente para resistir por
ambos, pero he entrado en labor de parto prematuramente
pues cayendo por las escaleras y rodando por la sala se
rompió la fuente y me he empapado en llanto marrasquino.

 Siento ser tan débil, debí resistir el golpe y no caer rodando

 como una inútil, y perder el fruto del amor tan pobre
que te he dado. Sé que en toda relación no todo son risas
 y caricias que existen también altibajos y peleas o roces 
entre ambos, discusiones por opiniones diferentes, celos
 o acusaciones irrelevantes. Sé que todo esto es una realidad
universal dirían algunos, pero contigo no es verdad, contigo
yo perdí una vida muerta en soledad y gane un amor completo
e incondicional, que nadie podría entender jamás.


-Rafael Perez, Carper.

(fotografía tomada de imágenes google)