Un largo sueño.
13 11,2013
Entonces
desperté de un cálido, aunque poco húmedo sueño prolongado, no recuerdo como
caí dormido ni cuándo paso, solo tengo el
recuerdo vago de una segadora luz blanca en los espacios entrecerrados
de mi pequeños parpados inquietos ante lo desconocido. El donde estoy, cuando
llegue o por que estoy; son dudas que azotaban mi cabeza y el temor se hacía
presente, escucho muchas voces raras, tengo tanto miedo no me quiero ir.
Me
dirigía directo al umbral, resignado al fin sin control mismo de mi propio
cuerpo, escucho quejidos y lamentos debe ser horrible- pensé en silencio, pero
una mano me tomo fervientemente de la mía, no me dejaba ir; supongo que temía
igual que yo. La suavidad de su mano y la delicadeza con la que me sostiene me
hace sentir seguro y protegido. La fuerza con la que me jalan del umbral es
mayor a la que la delicada mano ejerce sobre la mía para mantenerme dentro, al
tiempo que me alejan, los temores e inseguridades se nublan en mi mente y se
opacan por el miedo de soltar la mano que me toma de entre los dedos y siento
una especie de lazo o conexión con ella.
Me
separo lentamente de la suya, alcanzo a rozar por última vez su palma con las yemas
de mis dedos y me marcho aterrado a mi destino, extiendo mi mano para alcanzar
nuevamente la suya, pero no la encuentro, entonces me deje ir sin esperanzas,
la luz se hace más intensa ya no puedo ver nada; los quejidos disminuyen, los
gritos se hacen risas mientras yo estallo en llanto y mientras se abren mis
pulmones, capto toda una inmensa variedad de olores, pero reconozco solo uno
que me rodea suavemente entre sus brazos y llora conmigo de alegría siento su
felicidad, me siento a salvo nuevamente
y caigo dormido de cansancio. Ya no puedo esperar a que venga la mano que
me retenía dentro, para que ya no estemos solos nunca más.
(El
nacimiento de dos gemelos) Rafael Perez, Carper.
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