jueves, 12 de junio de 2014

umbral

Un largo sueño.
13 11,2013

Entonces desperté de un cálido, aunque poco húmedo sueño prolongado, no recuerdo como caí dormido ni cuándo paso, solo tengo el  recuerdo vago de una segadora luz blanca en los espacios entrecerrados de mi pequeños parpados inquietos ante lo desconocido. El donde estoy, cuando llegue o por que estoy; son dudas que azotaban mi cabeza y el temor se hacía presente, escucho muchas voces raras, tengo tanto miedo no me quiero ir.
Me dirigía directo al umbral, resignado al fin sin control mismo de mi propio cuerpo, escucho quejidos y lamentos debe ser horrible- pensé en silencio, pero una mano me tomo fervientemente de la mía, no me dejaba ir; supongo que temía igual que yo. La suavidad de su mano y la delicadeza con la que me sostiene me hace sentir seguro y protegido. La fuerza con la que me jalan del umbral es mayor a la que la delicada mano ejerce sobre la mía para mantenerme dentro, al tiempo que me alejan, los temores e inseguridades se nublan en mi mente y se opacan por el miedo de soltar la mano que me toma de entre los dedos y siento una especie de lazo o conexión con ella.
Me separo lentamente de la suya, alcanzo a rozar por última vez su palma con las yemas de mis dedos y me marcho aterrado a mi destino, extiendo mi mano para alcanzar nuevamente la suya, pero no la encuentro, entonces me deje ir sin esperanzas, la luz se hace más intensa ya no puedo ver nada; los quejidos disminuyen, los gritos se hacen risas mientras yo estallo en llanto y mientras se abren mis pulmones, capto toda una inmensa variedad de olores, pero reconozco solo uno que me rodea suavemente entre sus brazos y llora conmigo de alegría siento su felicidad, me siento a salvo nuevamente  y caigo dormido de cansancio. Ya no puedo esperar a que venga la mano que me retenía dentro, para que ya no estemos solos nunca más.



(El nacimiento de dos gemelos) Rafael Perez, Carper.

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